Cueva de Altamira

    Cueva prehistórica situada en las proximidades de Santillana del Mar, en Cantabria (España), en la que se conserva uno de los conjuntos más representativos del arte paleolítico universal, por lo que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. El hallazgo en 1879 del famoso techo de Altamira, donde está representada una manada de bisontes con extraordinaria fuerza expresiva, revolucionó las teorías que entonces se tenían sobre la humanidad prehistórica.

    La cueva de Altamira está situada en una colina caliza a unos 160 metros sobre el nivel del mar y a cuatro kilómetros de la actual línea de costa. Descubierta en 1868 por un cazador, en la década siguiente era visitada por Marcelino Sanz de Sautuola, un naturalista cántabro interesado en recoger y catalogar los instrumentos de sílex y huesos pertenecientes a los distintos niveles de ocupación de la cueva (auriñaciense, solutrense y magdaleniense) datados en el paleolítico superior. Realizado el hallazgo de las pinturas por la hija de Sautuola, éste estuvo convencido de que su antigüedad era equiparable a la de los objetos encontrados en la entrada de la cueva y publicó sus conclusiones en 1880.

    Altamira fue la primera muestra de arte cuaternario encontrada en el mundo y por tanto no se creyó en su autenticidad. Finalmente, el hallazgo de pinturas de similares características en otras cuevas francesas, y especialmente las de la cueva de Le Mouthe, parcialmente cubiertas con estratos inequívocamente pertenecientes al paleolítico, significó el reconocimiento definitivo de las pinturas de Altamira. La publicación en 1902 de un breve artículo titulado La cueva de Altamira: mea culpa de un escéptico, donde el prehistoriador francés Cartailhac rectificaba su postura con respecto a las pinturas de la cavidad cántabra, supuso un hito en la joven ciencia prehistórica.

    La famosa sala de los polícromos está situada cerca de la entrada. Es una habitación de 9 por 18 metros en cuyo techo están representadas 16 figuras de bisontes, así como caballos, ciervos y una gran cierva de más de dos metros. Los bisontes, de diferentes tamaños, posturas y actitudes fueron representados utilizando los salientes de la roca para proporcionar volumen a la figura. El grabado para los contornos y la pintura roja y negra para el relleno son las técnicas representativas más utilizadas. El dominio expresivo demostrado por el artista paleolítico revela un extraordinario conocimiento de la anatomía y de las actitudes de los animales, así como la singular viveza de las figuras denota un concepto sorprendentemente actual de la expresión artística.