Pintura romántica

    La pesadilla, de Henry Fuseli.

    El Romanticismo fue un movimiento cultural, intelectual y estético desarrollado desde finales del siglo XVIII hasta la mitad del XIX sobre todo en Gran Bretaña, Francia y Alemania. A pesar de que dicha corriente nació de ciertos patrones y pautas provenientes del Neoclasicismo, el artista romántico terminó por reaccionar contra este, revelándose contra su estética y sus valores universales para defender su propia subjetividad, su individualismo, sus emociones y sus sentimientos, que expresaría de forma apasionada y espontánea.

    La pintura romántica nació en un nuevo entorno de libertad, donde el artista podía expresar su propia sensibilidad sin atender a normas impuestas o convenciones. Superadas las exigencias estéticas impuestas por el Antiguo Régimen y liberados del mecenzago tradicional de la Iglesia y la monarquía, los pintores podían ahora exponer sus trabajos en los recién creados salones.

    Esta libertad se hizo extensiva a los temas; ahora los artistas se fijarían en el pasado de la historia, recuperando el interés por el arte y la literatura medievales. A éste se añadió un gusto por lo oriental y exótico, las leyendas fantásticas, el esoterismo, el misterio, los sueños y todo aquello que ayudara a expandir los límites de la imaginación y crear universos nuevos más allá de la razón y de la realidad. Esto se tradujo en una nueva estética, donde artistas como Francisco de Goya, Henry Fueli o William Blake, tras un periodo neoclasicista, crearían una nueva iconografía, en casos terrorífica, con la que se adentraban en el inconsciente, expulsando en sus cuadros los fantasmas interiores de cada uno.

    Donde quizá se produjo una reacción más evidente respecto de la tradición fue en el género paisajístico. El nuevo paisaje se basaba en una nueva concepción de la naturaleza donde ya no interesaba representar lo idílico, la armonía y la belleza ideal del mismo, sino sus estados de cambio, la representación fiel de su aspecto y sus fenómenos atmosféricos, violentos en ocasiones, buscando plasmar su aspecto más sublime, siempre con la intención de expresar los sentimientos individuales y emocionales del artista. Inglaterra y Alemania serían los países de los que salieron los mejores representantes de este género transformado.

    En Inglaterra se produjo la primera reacción en contra de la concepción racionalista de la naturaleza a través de los principales pintores de paisajes del romanticismo inglés, John Constable (1776-1837) y William Turner (1775-1851). Ambos reflejaron las emociones de una naturaleza en constante transformación, de mares embravecidos y cielos tormentosos.

    Constable, más descriptivo y fiel a la figuración que Turner, puso de moda la pintura al aire libre. Su estilo mostró una luz natural, brillante, lograda mediante la aplicación de los colores en bruto en pequeñas pinceladas con la intención de representar no tanto los detalles como los efectos de la escena. Su interés y estudio por los reflejos del agua y por la incidencia de la luz sobre las nubes y el cielo fue constante. Entre sus mejores cuadros de encuentran Construcción de barcos cerca de Flatford Mill (1815), La catedral de Salisbury vista desde el jardín del obispado (1823), El trigal (1826), Castillo de Hadleigh (1829), La granja Valley (1835) o El caballo blanco (1919).

    Estudio de las nubes, de John Constable.

    Turner, sin embargo, aplicó una técnica más abocetada y suelta con la que llegó hasta la disolución de las formas. Sus muchos dibujos y acuarelas le sirvieron como apuntes para grandes cuadros, logrando que el paisaje ganase en prestigio respecto a otros géneros y fuera un motivo en sí mismo a la hora de construir una obra de arte. Los más característicos fueron aquellos con los que investigó acerca de los efectos atmosféricos y lumínicos de la naturaleza, como Lluvia, niebla y velocidad, siendo sus paisajes más célebres los de su última etapa en Petworth (Sussex), aquellos donde la protagonista siempre es la luz, como Mañana después de la tormenta, Amanecer en el castillo de Norham y Puesta de sol en el mar.

    En Alemania el paisaje protagonista de los lienzos era el del norte de Europa, con el que se trató de reflejar el drama romántico de la relación del hombre con la naturaleza, cargado de emociones espirituales y religiosas. Los mejores representantes del paisajismo alemán fueron Ph. Otto Runge (1777-1810) y G.D. Friedrich (1774-1840).

    Friedrich fue el artista más destacado del Romanticismo alemán y quien mejor representó la nueva idea de paisaje, moviéndose entre lo sublime y lo religioso. De hecho, su gran aportación fue la de incitar a la devoción y expresar la religiosidad por medio del paisaje. Unos paisajes de costas, montañosos, llenos de abismos, de brumas y tinieblas, solitarios y cargados de emociones, donde el hombre se enfrenta al poder de la naturaleza o la contempla en su lejanía. La cruz de las montañas, El monje junto al mar o La Abadía en el Robledal; y la serie de paisajes con figuras humanas de espaldas, como Rocas cretáceas en Rügen (1818), Salida de la Luna sobre el mar (1826) o Las edades (hacia 1835) son los mejores ejemplos de su trabajo.

    En Francia el romanticismo pictórico adquirió unas características propias marcadas por los constantes avatares y cambios políticos que llevaba sufriendo el país desde la Revolución, lo que dio pie a un predominancia del género histórico.

    Tras los tímidos acercamientos al Romanticismo mediante la sensualidad de Jean-Auguste Ingres y la serie de imágenes de exaltación napoleónica de otro discípulo de Jacques-Louis David, A.J. Gros (1771-1835), quienes mejor representaron la pintura romántica francesa fueron Théodore Géricault (1791-1824) y Eugène Delacroix (1798-1863). Ambos reaccionaron contra la precisión del dibujo de Ingres en pro de una pintura donde primara el color, la libertad técnica, compositiva y de temas, así como el compromiso político en las representaciones históricas.

    La balsa de la Medusa (1819) de Géricault, un cuadro que pintó para rememorar el trágico hundimiento de una fragata, presenta una composición nueva, piramidal, rompiendo el equilibrio, pues el artista buscaba, a través de los cuerpos inertes y la inestabilidad, reflejar el sufrimiento del hombre, a la vez que representar una metáfora de la crisis política francesa a causa de la restauración de la monarquía.

    El gran canal de Venecia, de J.M.W. Turner.

    Delacroix, menos realista, se volcó hacia la imaginación y las fuentes literarias sin perder el compromiso político y la referencia histórica. En esta línea pintó La masacre de Quíos, un episodio bélico al que acompaña un bello paisaje, o La muerte de Sardanápolo. No obstante, fue su cuadro más famoso, Libertad guiando al pueblo, la obra que, mediante la unión de realismo e imaginación, mejor reflejó su visión política, así como la idea romántica de libertad. También, como artista romántico que era, Delacroix cultivó la afición por lo exótico, llegando a viajar por diversos países, de los que extraía temas y una nueva visión de la realidad, creando un género, el orientalista, que tendrá interesantes seguidores en el segundo tercio del siglo.

    Una característica más del Romanticismo y que también afectó a la pintura fue la recuperación en países como Alemania o Inglaterra del estilo gótico. El neogótico se tradujo en pintura como “estilo trovador” por su reivindicación de la estética y el mundo medieval. Los temas se extraerían de leyendas, novelas de caballerías y de la iconografía cristiana arquetípica del medievo. Este estilo caló también en Francia, pero quienes mejor los cultivaron fueron los artistas alemanes que vivían en Roma, los de la hermandad de los Nazarenos, cuyos mejores representantes fueron Friedrich Overbeck (1789-1869) y Franz Pforr (1788-18129), que tuvieron en Rafael Sanzio y los maestros italianos y alemanes primitivos a sus referentes. Ambos se inspiraron en la Biblia y las obras de Dante Alighieri, Torcuato Tasso y Ludovico Ariosto para realizar la decoración del pabellón del jardín que poseía el príncipe Máximo cerca de San Juan de Letrán, en Roma.

    Esquema de la Pintura romántica

    El Romanticismo se desarrolla desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, principalmente en Gran Bretaña y Francia. La pintura romántica nace en un nuevo entorno de libertad, donde el artista puede expresar su sensibilidad sin atender a normas o convenciones.

    El género paisajístico fue el que sufrió una reacción más evidente respecto a la tradición. Los principales pintores del romanticismo son los ingleses John Constabley William Turnery losfranceses Théodore Géricaulty Eugène Delacroix.