Provincias Unidas de Centroamérica

    República federal que agrupó, entre 1823 y 1840, a los actuales Estados de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Se constituyó con el apoyo de la burguesía liberal de la región, tras lograr la independencia de España, pero nunca llegó a convertirse en una auténtica nación y tras su disolución fue sustituida por los cinco países citados.

    Durante el periodo de dominio español, la región centroamericana había constituido la Capitanía General de Guatemala, dependiente del Virreinato de Nueva España, aunque gobernada de forma autónoma desde la ciudad de Guatemala. En 1821 proclamó su independencia de la corona española para adherirse, sólo unos meses después, al recién creado imperio mexicano dirigido por Agustín de Iturbide. Tras la renuncia del emperador de México, en 1823 los territorios de la antigua Capitanía de Guatemala proclamaron su independencia total tanto respecto de México como de España, y se constituyeron en república federal con el nombre de Provincias Unidas del Centro de América, si bien los estados que la componían mantenían una amplia autonomía.

    En 1824 se aprobó una constitución en la que se proclamaba la República Federal de Centroamérica, con capital en la ciudad de Guatemala. El nuevo Estado abolió la esclavitud y reconoció un tipo de sufragio restringido que favorecía a las clases más altas.

    Las tendencias disgregadoras, representadas por los poderes locales, no tardaron en manifestarse y, junto con el malestar expresado por la Iglesia, que veía peligrar su posición, generaron una gran inestabilidad política. El intento del gobierno federal, presidido por Manuel Arce, de centralizar los impuestos y constituir un ejército nacional levantó una fuerte oposición que desembocó en una guerra civil entre 1826 y 1829. El conflicto se resolvió a favor de los liberales, que tendieron entonces a radicalizar su política. En 1830, el liberal de origen hondureño Francisco Morazán fue elegido presidente y llevó a cabo un programa de reformas radicales que incluía la expropiación de las órdenes religiosas, la abolición del diezmo y el restablecimiento del tributo indígena, abolido en los primeros años de la Federación. En 1834, la capital fue trasladada a El Salvador, ciudad más proclive al gobierno liberal.

    La inexistencia de estructuras integradoras del territorio, agravada por la falta de vías de comunicación, junto con la pobreza generalizada, impidieron que la unión traspasara la línea de lo político y que la Federación se convirtiese en un auténtico Estado. Los poderes locales se consideraban perjudicados con el proceso unificador e impidieron que la autoridad del Estado fuera efectiva en todo el territorio.

    En 1837, una epidemia de cólera vino a agravar la situación, de la que la Iglesia culpaba a los liberales por sus medidas anticlericales. El guatemalteco Rafael Carrera, líder de un movimiento apoyado por campesinos, indígenas y el bajo clero, se convirtió en el máximo oponente de los liberales en el poder. En 1838, Carrera tomó la ciudad de Guatemala. El congreso, incapaz de mantener su autoridad, dio libertad a los Estados para abandonar la Federación. Así lo hicieron Costa Rica, Nicaragua y Honduras y un año más tarde Guatemala, quedando El Salvador como único miembro. En 1840, Carrera derrotó totalmente al ejército de Morazán, quien se vio obligado a partir al exilio. El antiguo presidente federal llevó a cabo un último intento de restaurar la República Federal en 1842, pero finalmente fue capturado por el ejército de Carrera y ejecutado.

    A partir de entonces cada uno de los Estados miembros ha seguido rumbos separados, si bien, en el aspecto económico, se inició en 1960 el camino hacia la integración con la fundación del Mercado común centroamericano.