Revolución estadounidense

Insurrección de las trece colonias británicas de América del Norte contra Gran Bretaña, que comenzó en 1775 y finalizó en 1783 con la independencia de estos territorios. El éxito de la revolución estadounidense representó la primera vez que una colonia se separaba de su metrópoli y tuvo gran eco en acontecimientos posteriores, como en la Revolución Francesa y en la lucha por la independencia de las posesiones españolas de América.

Antecedentes de la revolución

La ruptura entre los asentamientos británicos de la costa atlántica, las trece colonias, y Gran Bretaña comenzó a gestarse una vez finalizada la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Aunque los británicos salieron victoriosos y se habían hecho con el control de gran parte de las posesiones francesas en América, el coste del conflicto supuso una ingente deuda para el gobierno inglés, que decidió aliviar esa carga incrementando a los colonos los impuestos de numerosos productos. A esto se añadieron otras decisiones políticas del rey Jorge III que provocaron la protesta de asambleas de colonos.

Las primeras fricciones estallaron en 1764 con el aumento del impuesto sobre el azúcar, la autorización para registrar negocios buscando productos de contrabando y el establecimiento de un ejército permanente en las colonias. Pero más grave resultó la aprobación, en marzo de 1765, de la ley del Timbre (Stamp Act) en la que se obligaba al uso de papel sellado en todo documento público. Inmediatamente, las colonias se negaron a acatarla, establecieron el boicot a productos ingleses y estallaron varias revueltas en ciudades como Nueva York y Boston, organizadas por la sociedad secreta de “Los Hijos de la Libertad”. Todas estas acciones, junto con los graves perjuicios que estaban sufriendo los comerciantes ingleses, favorecieron que el parlamento inglés suspendiera la ley un año más tarde. Sin embargo, en 1767, Inglaterra estableció nuevas medidas que gravaban algunos productos muy utilizados por los colonos norteamericanos, como el plomo, la pintura, el papel, el vidrio y, sobre todo, el té. La reacción de los colonos fue furibunda, decretando el bloqueo a todos los artículos ingleses. El ambiente se crispó aún más tras la llamada “matanza de Boston”, en marzo de 1770, en la que tropas inglesas dispararon contra algunos colonos, matando a cinco de ellos.

Poco después, este conjunto de medidas fueron revocadas, aunque en 1773 el parlamento aprobó la Ley del té, normativa que reducía el impuesto aplicado a este producto al enviarse a Norteamérica. Esta medida volvió a contar con la oposición de los colonos, quienes impidieron a los barcos ingleses descargar sus cargamentos. Los actos de sabotaje llegaron más lejos cuando, en diciembre de ese año, un grupo de americanos de la ciudad de Boston, disfrazados de indios, arrojaron al mar varias cajas de té. Esta acción, conocida como “fiesta del té”, provocó la indignación del parlamento, que decretó la clausura del puerto de Boston y puso en marcha las llamadas Leyes coercitivas (1774) para castigar a la colonia de Massachussets.

Estas leyes, llamadas por los colonos Leyes intolerables, provocaron la unión de las trece colonias (Massachussets, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Georgia, Maryland, Virginia, Pennsylvania, Delaware, Nueva York, Nueva Jersey, Nueva Hampshire, Connecticut y Rhode Island) en el primer Congreso Continental, reunido en Filadelfia en septiembre de 1774. En esta asamblea, dominada por los sectores más conservadores y leales al monarca inglés, se envió al rey Jorge III una lista de agravios solicitándole que los reparase.

Sin embargo, poco después de mandarse esta petición, comenzaron las hostilidades. En abril de 1775, tropas británicas se dirigieron a la ciudad de Concord para confiscar un depósito de armas, pero en el camino se toparon con el ataque de lo colonos, quienes consiguieron rechazarlos y, al mismo tiempo, iniciaron el sitio de Boston. Ante estos sucesos, el 10 de mayo de 1775, tuvo lugar el segundo Congreso Continental, donde aparecieron ya posturas más radicales a favor de la independencia. Aun así, triunfó la línea conservadora y se volvió a ofrecer otra oportunidad al monarca inglés para que rectificara las medias impuestas. Igualmente, el Congreso se constituyó como nuevo gobierno de las colonias y se nombró a George Washington jefe del llamado Ejército Continental, quien inició un acelerado proceso de adiestramiento y entrenamiento de sus inexpertas tropas. Pero las relaciones entre ambos bandos quedaron definitivamente rotas en la sangrienta batalla de Bunker Hill (junio de 1775), cuando el ejército inglés, a costa de graves pérdidas, rechazó a los colonos que sitiaban Boston. En agosto de ese año, el soberano Jorge III rechazó las peticiones de los colonos y dispuso el envío de nuevos refuerzos a América, por lo que la guerra se generalizó. En el aspecto político, el momento culminante tuvo lugar el 4 de julio de 1776 cuando los representantes de las trece colonias, reunidos en Filadelfia, proclamaron la independencia.

Etapas de la guerra

La guerra por la independencia estadounidense se puede dividir en dos grandes etapas.

a) Primera etapa (1775-1778). Tras Bunker Hill, las tropas americanas dirigieron sus esfuerzos hacia el Canadá, con la intención de evitar una ofensiva británica desde el norte. En noviembre de 1775, la ciudad de Montreal fue conquistada, pero ante Québec, diciembre de 1775, sufrieron una grave derrota en la que murió el comandante americano Richard Montgomery. Luego, un nuevo fracaso se repitió en la batalla de Trois Rivières, junio de 1776. Ante estos adversos resultados, las fuerzas coloniales tuvieron que retirarse de Canadá.

Mientras tanto, Washington inició el asedio de la ciudad de Boston, que tomó en marzo de 1776. En junio de ese año, las tropas inglesas, al mando del general Howe, desembarcaron en Nueva York y derrotaron a Washington en las batallas de Long Island (agosto) y White Plains (octubre), quien tuvo que escapar refugiándose en la orilla del río Delaware, en una situación desesperada y con su ejército al borde de la desintegración. Howe se hizo con el control de Nueva York y Nueva Jersey, pero ante la llegada del invierno paralizó las operaciones. Sin embargo, Washington protagonizó una audaz maniobra y venció a los británicos en Trenton (diciembre de 1776) y Princeton (enero de 1777), que obligaron a los ingleses a dejar Nueva Jersey. Pero estas acciones adversas no detuvieron a Howe, quien marchó hacia la capital americana, Filadelfia, con la esperanza de acabar con la guerra. Tras derrotar nuevamente a Washington en Brandywine Creek (septiembre de 1777), ocupó la ciudad, lo que obligó al Congreso Continental a huir a la ciudad de Baltimore. Poco después, el general inglés volvió a vencer al líder americano en Germantown (octubre de 1777).

Mientras Howe operaba en torno a Filadelfia, otro ejército inglés descendía desde Canadá con el fin de atrapar a los patriotas americanos entre dos fuegos y ocupar toda Nueva Inglaterra, separando así todo este territorio de las colonias del sur. Pero las tropas del general Burgoyne fracasaron en su intento y fueron completamente derrotadas en Saratoga (octubre de 1777) por el ejército americano dirigido por Horatio Gates.

Esta victoria tuvo repercusiones internacionales y favoreció un hecho trascendental: la entrada de Francia en la guerra (junio de 1778), su reconocimiento de la independencia de las colonias y el envío de ayuda económica y militar. Además, Francia mandó una escuadra que contribuyó a que los ingleses decidieran evacuar Filadelfia para no verse atrapados. Aunque sus tropas fueron perseguidas por Washington, éste fue vencido en la batalla de Monmouth (junio de 1778). La diplomacia americana, dirigida por Benjamín Franklin, siguió cosechando triunfos al obtener la ayuda de España (1779) y Holanda (1780).

b) Segunda etapa (1778-1781). Dado que los ingleses consideraron que en Nueva Inglaterra no podían desequilibrar la balanza a su favor, decidieron trasladar el curso de la guerra a las colonias del sur. Para ello, una potente flota británica desembarcó en Savannah, conquistándola en diciembre de 1778, y lo mismo sucedió con Charleston en enero de 1780, que supuso la rendición de un potente ejército americano. Posteriormente, las tropas inglesas, comandadas por Cornwallis, se dirigieron hacia Carolina del Sur donde derrotaron a las americanas en la batalla de Camdem (agosto de 1780), aunque el desastre británico se produjo en los enfrentamientos de Kings Mountain (octubre de 1780) y Cowpens (enero de 1781). Esto obligó a Cornwallis a retirarse a la colonia de Virgina, donde fortificó su puesto en Yorktown.

Entre tanto, una fuerza expedicionaria francesa desembarcó en Rhode Island (julio de 1780) al mando de Rochambeau, que se unió a las fuerzas de Washington. Con los refuerzos recibidos y con la esperanza de asestar un gran golpe a los ingleses, Washington mandó todo su ejército hacia Yorktown mientras que la flota francesa del almirante Grasse se hizo con el control del mar. Durante dos meses Cornwallis y su ejército resistieron un duro asedio, hasta que decidió capitular el 19 de octubre de 1781. La resonante victoria americana prácticamente puso fin a la guerra, pues los ingleses sólo conservaban tropas considerables en Nueva York. Continuaron los combates en las aguas del Caribe, donde la escuadra inglesa desbarató completamente a la francesa en su intento de invadir Jamaica (junio de 1782).

Los efectos de la batalla de Yorktown tuvieron consecuencias inmediatas en Inglaterra, ya que se formó un nuevo gobierno más dispuesto a entablar conversaciones de paz. Durante dos años se mantuvieron negociaciones que fructificaron, finalmente, en el Tratado de París (también llamado de Versalles), firmado el 3 de septiembre de 1783. En él, se reconoció la independencia de las trece colonias, que adoptaron el nombre de Estados Unidos de América, y se fijaron las fronteras: al norte, Canadá; al sur, Florida, y al oeste, el río Mississippi. Además, España recuperó Florida y la isla de Menorca.