Arte fatimí

    Grifo del campo santo de Pisa, estatua de origen fatimí que representa a un caballo alado.

    El arte fatimí es el desarrollado bajo el califato de la dinastía fatimí (909-1171), primera gran familia shií en ostentar el poder, primero en el área tunecina y, posteriormente, en el Cercano Oriente, donde fundaron la nueva ciudad de al-Qahira, la vencedora, El Cairo. En ella se hallan las más importantes muestras de arquitectura oficial fatimí (mezquitas de al-Azhar y al-Hakim, palacio califal), basada en los antiguos modelos omeyas y abasíes aunque con una mayor tendencia a lo mediterráneo antes que a lo iraní.

    Mucho más original fue la arquitectura privada (mezquitas de al-Aqmar y al-Salih). Por una parte, se renunció a las salas hipóstilas una vez que el espacio urbano disponible para la construcción en el centro de las medinas no permitía grandes naves. Por otra parte, se popularizó la construcción de mausoleos, edificaciones simples, de planta cuadrada y coronados por una cúpula (mezquita Juyushi, El Cairo). En estos edificios se puede ver un importante elemento técnico de gran influencia posterior –la pechina– que provocaría la aparición de una construcción simplificada de las bóvedas, al permitir pasar con facilidad de las estructuras cuadradas a las abovedadas.

    En cuanto a la decoración arquitectónica, ésta empleó las mismas técnicas que anteriormente (mosaico, estuco, etc.) pero modificó el tipo de elementos representados. Lo geométrico dejó paso a una mayor figuración (animales, imágenes de la vida cotidiana) que permitían un mejor aprovechamiento del espacio. Una excepción en este sentido son las ricas decoraciones aplicadas a los mihrabs , adornados ahora con complejos geométricos que, partiendo de estrellas, acaban generando multitud de polígonos que se entremezclan con motivos vegetales.

    Por lo que respecta a las artes decorativas, apenas quedan rastros de los ajuares imperiales, aunque a través de fuentes literarias es posible discernir la existencia de un gusto por lo extranjero más que por lo autóctono. En cuanto a las formas no imperiales, la más importante siguió siendo la cerámica vidriada pero adornada ahora con las figuras humanas típicas del periodo fatimí. Otros tipos de artes decorativas importantes fueron los aguamaniles de bronce, generalmente siguiendo modelos zoomorfos, los trabajos del vidrio y las miniaturas, las cuales continuaron con la tradición decorativa de la cerámica.