Arte copto

    La palabra copto proviene del árabe y se define como la forma con la que llamaron los islámicos conquistadores de Egipto, en el año 641, a los cristianos egipcios. Sin embargo, hasta el siglo VI, el arte autóctono egipcio no llegó a asimilarse del todo por el cristianismo.

    A veces se considera también arte copto al periodo comprendido entre el final del helenismo-ptolemaico y la expansión del cristianismo, entre los siglos III y V, momento en el que Egipto empezó a recuperar ciertas características nacionales que habían quedado sepultadas bajo el sello de homogeneidad de los faraones y del helenismo. Sin embargo este desprendimiento no se produjo bruscamente, sino que fue un hecho que ocurrió poco a poco, al tiempo que otras influencias estilísticas orientales tomaron contacto con las comunidades cristianas, especialmente las de Siria y Armenia.

    Hacia el final del siglo IV el arte copto acusó una fuerte influencia bizantina. Frente al vigor dramático del helenismo, se produjo un deseo de estilización, de líneas geométricas, de abstracción. Fue en este momento cuando este arte, fortalecido por la expansión del cristianismo, se convirtió en el nuevo vehículo de expresión de Egipto.

    El primer florecimiento del arte copto se produjo entre los siglos V y VI. La iglesia egipcia consiguió ser independiente de las demás iglesias orientales, y el patriarca de Alejandría llegó a tener tanto poder y riqueza que fue llamado “El faraón eclesiástico”.

    Desvinculado de los centros de poder político, el arte copto fue eminentemente popular; prescindió de las obras monumentales para cultivar con maestría las artes menores. Sus técnicas características fueron el bajorrelieve en piedra, madera o marfil, la confección de tejidos, el trabajo del bronce y la cerámica pintada. Nada hay tan representativo del Egipto cristiano como sus telas.

    Los coptos, en pintura, desarrollaron la tradición milenaria de realizar retratos funerarios; prueba de ello son los encontrados en las tumbas de los faraones. Pero en los años de la era cristiana esta tradición se perfeccionó en imágenes de enorme fuerza y personalidad, con una expresión potente y concentrada en la mirada. El hieratismo faraónico había desaparecido por completo y un intento directo de comunicación reaparecía en los artistas desconocidos que los realizaron.

    Son mínimos los vestigios que se conservan de pintura al estuco y de arquitectura. Como ejemplos se encuentran las capillas del Éxodo, del siglo IV, y de la Paz, del siglo VI, en el oasis de al-Jarya, al sudoeste de Egipto.

    De arquitectura quedan hoy día escasas muestras. Un grupo de iglesias y baptisterios ocupaban el centro del santuario levantado sobre el sarcófago de San Menas, próximo a Tebas; eran conocidos como el Convento Rojo y el Convento Blanco. Los edificios más importantes se encuentran en Dayr al-Abyad, Sohag y Saqqara, cerca de las pirámides, donde se levanta el convento de San Jeremías y donde, en el siglo XIX, fueron descubiertos unos interesantes frescos representando a la Virgen y al Niño, así como a Cristo con el libro de los Evangelios.

    Las iglesias coptas se edificaron según un esquema que no conoció alteraciones desde el siglo IV: proporciones reducidas, planta rectangular con una o tres naves separadas por columnas y muros macizos. El interior estaba decorado con bajorrelieves estilizados, muy alabados después por los árabes, y con frescos y mosaicos. Solamente se han logrado conservar los frescos de la capilla de san Apolonio de Bawit, en los que se aprecia la influencia bizantina tanto en el brillante tratamiento del color como en la frontalidad de la composición; en la elección de los temas o en el detalle de los ropajes de los personajes que aparecen.

    La industria del tejido fue considerada la joya del arte copto. Generalmente de hilo, alternando con adornos de lana, combinaban para su decoración motivos geométricos vegetales con otros extraídos de la mitología o de las Sagradas Escrituras. También el arte copto alcanzó enorme reconocimiento y prestigio por la maestría de sus artesanos en el tratamiento miniaturista de materiales como la madera y el marfil.

    Tras la conquista de Egipto por los musulmanes en el siglo VII, el arte copto fue desprendiéndose de su personalidad. Nuevamente, como antes sucediera con el helenismo o con el arte faraónico, la capa homogénea de lo islámico sepultó este arte singular. Tras una masiva conversión al Islam que tuvo lugar en el siglo XI, el cristianismo copto inició a partir del siglo XIII una decadencia progresiva que terminó definitivamente con este arte cristiano-egipcio.